lunes, 3 de septiembre de 2007

¡Qué lindo! Nace una nueva sección: Arte Urbano

En un intento desesperado por ordenar el caos de este blog, hoy abrimos una nueva sección: Arte Urbano.
Muy muy muy bien de que se trata todavía no sabemos, pero la idea es ir exponiendo pequeñas obras de arte de artistas desconocidos que adornan la ciudad, le dan un toque diferente al entorno o bien son porquerías pero que me llamaron la atención.
La obra de hoy, a la que llamaré "Balcón Virtual", es una pintura que me ha maravillado.
¿Y qué mejor manera de inaugurar la sección que compartiéndola con amigos?
En un hecho que marcará un antes y un después en la blogodifusión argentina, federal y maoísta, con el amigo Chester Lampwick -balconero famoso, si los hay- acordamos hermanar las secciones Balconcitos Urbanos y Arte Urbano de nuestros blog en un posteo artesanalmente sincronizado como si de LRA1 Cadena Nacional (y federal y maoista) se tratara.
Así las cosas, puede disfrutar de este balcón en este mismo blog o en esta nueva entrega de Balconcitos Urbanos, donde los balcones están haciendo historia.
Como crítico improvisado que soy, tengo que agregar que la obra que nos ocupa refleja el dramatismo existencial de un balcón que no es, que el artista, con trazos geométricos y calculados pero sin restar emotividad, bien ha sabido expresar en esta megaobra, para delicia de los observadores y desgracia del lindero vecino, al que le han pintado la medianera.
La obra se encuentra en Rosario, San Lorenzo casi Corrientes, y verdaderamente logra su objetivo: cuesta darse cuenta que sólo es un balcón pintado en una pared lisa y ciega.

"Balcón Virtual"

Clic para ampliar. ¡Disfrútenlon!

3 comentarios:

PAY dijo...

muy bueno, de verdad que parece un balcón real, y la parte de "refleja el dramatismo existencial de un balcón que no es" me maté de risa, anda bien para crítico de arte.-
un abrazo

gabrielaa. dijo...

en términos técnicos: un "trompe l'oeil" ("engaña ojo")

bellísimo

Chester J. Lampwick dijo...

¡Nuestra sociedad está haciendo historia, compañero!

¡Que tiemblen Zanoni y Gallo!