lunes, 22 de septiembre de 2008

Mi honor quedó intacto

Gracias a los consejos de los sabios lectores y un poco de inventiva propia, pude resolver el ya proverbial acertijo de "El caniche, el padre abnegado, el boulevard y la gente que lo mira como si fuera un puto paseando un caniche por el boulevard".
La solución era casi trivial, aunque el pánico ante la situación me obnubilaba la croqueta.
Fíjense que sencillito era.
Fui a buscar al cánido a la hora señalada.
Me hicieron pasar, subí al octavo piso.
Tomé al perro, con cuidado de no hacerlo por las orejas, ya que estaba en presencia de amantes de los caniches.
Saludé, chuic, chuic, nos vemos, que lindos los perritos, si yo también los amo, claro, claro, bueno, me voy, ajá, ajá, por supuesto, son repuchulos, bueno, no, no quiero tomar nada, me voy porque la verdad es que no sportamos la extrañancia perruna en casa, mejor me voy, si, chuic, chuic, bye, me voy, no te lo repito más, si, chau, chau, salí, llamé el ascensor y me lo tomé.
Acá viene la genialidad: durante el viaje en ascensor.
Tuve ocho pisos de tiempo para meter a la perra en cuestión dentro de una bolsa de papel madera, de esas que te dan cuando comprás camisas o un par de zapatillas.
Y ya está.
Créanlo o no, con el zarandeo de la bolsa la perra no dijo ni mu durante las varias cuadras del trayecto hasta el auto.
Ni uno sólo me miró con cara fea, me gritó "¡trolazo!" o me hizo ojitos.
Lo único que me quedaba por hacer -y que hice- fue desembarazarme de la bolsa una vez fuera de la vista del público peatonal.
Y yo que me había hecho problemas...

viernes, 19 de septiembre de 2008

¿Es necesario lastimar tanto mi hombría de bien?

Escribo estas líneas antes de que las cosas sucedan, pues temo que una vez transcurridos los hechos no tenga fuerzas para escribir nada. Las proyecciones indican que es más probable que me interne en un monasterio, me suicide o algo mucho peor: que me habra un fotolog para autoflagelarme como si de un cilicio virtual se tratase.
La cuestión es que hoy mi esposa (¡mi propia esposa!) me obliga -ésto no es figurado: un arqueo de cejas en los ángulos adecuados tiene el peso de una sentencia judicial- a ir a buscar a la perra de mi hija que está en casa de un compañero de trabajo (¡compañero de trabajo de ella!).
Así que yo, tipo ocho de la noche, estaré caminando cabizbajo, intentando pasar desapercibido caminando por Boulevard Oroño llevando de la correita a una canichita del tamaño de una caja de zapatos a los saltitos por la vereda (¡por la mismísima vereda!).
De ahí a que los recolectores de residuos me griten cosas como "pedazo de puto", que los carniceros me hagan gestos obsenos con sus chairas desde la impunidad que les da el interior de sus negocios y sobre todo sus cuchillas y que los albañiles de las obras circundantes, que estén todavía en los pisos altos porque otra vez el jodón del pelado Gutierrez les escondió la escalera, me chiflen y me obliguen a cruzar de vereda (¡a la mismísima vereda de enfrente!).
¿Cuánto tiene que soportar un padre y esposo?
Alguien que me lo diga, por favor (¡por favor, che!).
Porque yo me banqué estoico que haya que llevar a la perra para ver si podía quedar embaraza (no del compañero de mi esposa, aclaro, sino de su perro). Me la aguante a pesar de pensar "¿qué clase de enseñanza estoy dando llevando a la perra de mi hija para que tenga relaciones sexuales?" (¡y para peor sin el consentimiento expreso de la perra!).
Pero me la banqué hasta ahí, que ya es mucho.
No se si podré sobrevivir a caminar llevando un perrito re chuchi por la calle y que me cruce alguno de los compañeros de fútbol.
Si no vuelvo el lunes, ya conocen el motivo.

A esto ACME no lo tenía...

¡Cha cha cha chaaaaan!
¡Llegó -hace 8 años- el piso deslizante que hará las delicias del ama de casa!
El único problema que no se pudo resolver -y en lo que están trabajando los científicos a fin de tener a punto para el año 3000- es un sistema giroscópico y antigravitacional para los muebles para solucionar el único problema de este sistema: todas las mañanas te aparecen todos los muebles amontonados contra una de las paredes.

Para el fin de la semana que viene, pero sin acertijo de por medio porque ya veo que venimos con imaginación cero y los aprecio mucho como para dejarlos tan en descubierto, aclararemos el porqué de tanta porquería sonando en las radios (no se ilusionen, a Arjona no lo explica).

miércoles, 17 de septiembre de 2008

¿Dónde las venden, que no consigo?

Ah, manga de perdedores, ¿se pensaron que era fácil?
Le erraron feo, pero muy feo.
Para que sepan las cocinas en el 2000 serán automáticas, centralizadas y no vendrán con horribles display de cuarzo líquido sino con hermosas botoneras y reóstatos.
Además, vuelven en el 2000 los cuellazos setentosos que tan bonito le quedaban al pibe Travolta.
¿No me creen?, ¡miren!


Eso sí, van a tener que clickear en la imagen para ampliar.
Lean, disfruten, empaláguense de futuro.
Y saquen su propia conclusión.
Yo saqué la mía: por lo visto, el sexismo no ha evolucionado nada.
Esta gente, que podía imaginarse un Centro de Comidas donde todo era automático y cocinas donde se reciclaban automáticamente los cubiertos y vajilla, no estuvieron ni cerca de imaginarse a la mujer fuera de su rol de ama de casa.
Pero tal vez es mejor que no tengamos tanto tiempo de mirar tanta televisión. ¿Se imaginan a Tinelli durante las 24 horas del día? ¡Vade Rating, Satanás!

Ahora que ya les pegué una paliza -bah, yo no, sino Petete- me animo a hacerles una pregunta aún más difícil para el viernes:

¿Cómo limpiaremos nuestros pisos en el año 2000?

Y pónganse las pilas que sino así no llegamos a ningún lado.

lunes, 15 de septiembre de 2008

¡Basta!

(fotografía de E. Rodriguez ; Diario La Capital)

Ni Nostradamus ni Parravicini: ¡Petete 2000!

(click en el siguiente vínculo para ingresar a las predicciones subidas al blog hasta el momento: Petete 2000)

Hoy cayó en mis manos -literalmente; se me vino parte de la biblioteca familiar encima- un libro que tiene más de treinta años.
Aquellos que crecieron en épocas donde Martín Karadagian no era sólo un mito urbano, recordarán el Libro Gordo de Petete. Acabo de recordar hace solamente un rato lo gordo que era, al caérseme encima.
Esta colección, venía con libro adicional llamado "Petete 2000" que explicaba y anunciaba qué cosas iban a cambiar en nuestras vidas con el advenimiento del lejano siglo XXI. Era en su momento una especie de "Conozca Más" o "Muy interesante" para niños.
Estuve un largo rato curioseando las cosas que pensábamos hace treinta años que ocurririan en nuestro presente actual y no pude evitar disparar más de una carcajada.
Algunas cosas, increiblemente sucedieron o fueron ampliamente superiores a las expectativas de la época. Otras, son francamente para despanzurrarse de la risa debido a la altísima dosis de ingenuidad con que fueron imaginadas.

Ahora no puedo escribir más porque soy alérgico al polvillo y hojear este libro me ha destrozado.
Para el próximo posteo les prometo un escaneo de una nota sin desperdicios.
Pero para hacer la espera más entretenida, les dejo una pregunta para que respondan en los comentarios y después vean cual de ustedes es el más banana:

¿Cómo se imaginan que se imaginaban los futurólogos de aquella época las cocinas de los hogares del año 2000?

Las respuestas, en el próximo post, en este mismo blog.


Ah, me olvidaba... Petete fue una publicación del gran García Ferré, para más datos.

viernes, 12 de septiembre de 2008

Gente amargada

No se si les habré contado, pero como tarea supletoria del restaurante enganché con un amigo para hacer pequeños programas informáticos.
Nada especial, yo apenas ayudo, el que sabe es mi amigo. Hacemos sistemas tipo "gestión integral, comercial, jurídica y empresarial para mercerías" o "resolución informática de problemas de regla de tres compuesta", es decir: pichuleamos.
Ayer mi socio me recontraputeó de arriba-abajo por un mensaje de error que le dio una parte de un sistema que había hecho yo.
El error era una boludez, pero le molestó el cartel de error propiamente dicho.
Él no entiende que el trabajo es a veces aburrido, yo lo hago cansado y de alguna manera se le debe poner un poco de picante para hacerlo más ameno.
Él insiste con que bueno, que tengo razón, pero que hay límites y no es negocio sobresaltar a los clientes y arrimarlos a la desesperación.
El mensaje de error era éste:


Hay gente que tiene el sentido del humor gravemente oxidado.

jueves, 11 de septiembre de 2008

¡Qué sueño de mierda!

Ayer soñé que era el Hombre Araña.
Pero no era un hombre araña heróico, era un hombre araña decadente, un spiderman de barrio.
En realidad no "era" el Hombre Araña, "trabajaba" de Hombre Araña.
En el sueño no estaba aclarado debidamente -como suele suceder en los episodios oníricos- pero es como que en cada ciudad debía haber un hombre araña para sacar de apuro a la gente. Yo era el hombre araña de mi barrio.
Ser hombre araña en mi barrio es feo.
Los poderes no eran completos y en todo caso el barrio no ayudaba.
Recuerdo que quise trepar por una pared para treparme a una terraza y si bien mis manos se aferraban con precisión, por la precariedad de las viviendas me quedaba con pedazos de reboque desprendido pegados a mis manos o con descascarados de pintura a la cal que dificultaban el ascenso, tornándolo imposible.
Afortunadamente, mi barrio lo más parecido a un rascacielos tiene dos plantas, así que esa dificultad para trepar la arreglaba con un salto esforzado por el escaso estado atlético. Eso sí, con tan poca altura, pendular de la telaraña es impracticable, amén de los cables que cruzan las calles de vereda a vereda.
En un momento, estuve al lado de una señora a quien le pedía una aguja o alfiler para destapar el agujerito por donde sale la telaraña: "no sale nada, se me tapó como el sapito del auto, el que tira agua en el parabrisas, si tiene un alfiler a lo mejor lo destapo", recuerdo vagamente haber argumentado.
No tuve enfrentamientos importantes, a excepción del encuentro con un malhechor que operaba desde un galpón donde hacían mantenimiento a colectivos de larga distancia. El villano estaba vestido con un mameluco azul y cubierto de grasa. Recuerdo haberme escondido y quedarme quieto hasta que me vio, momento en el cual salí disparando cual gato mojado y sin mirar hacia atrás.
Me puse a salvo, pero la transpiración y la adrenalina hacían que el traje me picara como si fuera de arpillera, que es más o menos de lo que era.
Un sueño deplorable, decadente e incómodo.
A los que se lo conté, les di lástima y terminaron por decirme "¡qué boludo!, ¿cómo vas a soñar eso?".
Tienen razón.
En esas circunstancias barriales, es preferible soñar que se es botellero, almacenero o recolector de residuos.

martes, 9 de septiembre de 2008

Claro que podés bañar un pedazo de puchero con crema pastelera mezclada con anchoas y atún, ¡pero no vengas a venderme que eso es un bittel thoné!

Hoy escribo desde la calentura. Y no lean abajo donde dice que esto lo escribí yo porque también quiero escribir desde el anonimato.
Me cansé, señores, ¡me cansé!
¡Basta de hipocresías y descarados eufemismos!
Las cosas por su nombre, al pan pan y al vino vino, y el buey solo bien salame y a buen puerto vas por leña, infeliz, ¿no ves que en el puerto no hay leña, ganso?
La cuestión -perdonen el descontrol de recién, por favor, tranquilo, tranquilo, soooo- es que hoy me hicieron calentar.
Es que por la tarde me convidaron un pastelito.
Bah, parecía un pastelito, pero... ¡estaba bañado con granas!
¡Granas de colores!
¿Desde cuando los pastelitos vienen con granas?
Ah, no, querido, entonces no es un pastelito, no señor. Será una manufactura dulce hojaldrada rellena de dulce de membrillo y bañada con almíbar y granas, pero nunca un pastelito.
¡Hay que respetar la tradición, jovencito!
Por eso estamos como estamos.
¿Sabés lo que hice con el pastelito?
¿Eh?, ¿sabés lo que hice?
Si, si, me lo comí, pero con cara de culo me lo comí, poniendo cara de culo, como corresponde.
O como esos que te dicen que se van a comer un choripan y después además del chorizo le meten adentro del pan lechuga, tomate, jamón cocido, aceitunas, papas fritas picadas, morrones, apio, mayonesa con roquefort, choclo y todas esas cosas sacrílegas.
Porque sí, estás en tu derecho de comerte un sánguche con un tenedor libre adentro, pero eso no es un choripán.
Chori-pán... chori... pan, ¿entendés? chorizo y pan. Ponele que con toda la furia le pongas un chorro de mostaza o chimi, pero ahí, frenate ahí o cambiale el nombre.
¡Y sacale ese escarbadiente de mierda!
El choripán se tiene que chorrear, igual que la empanada, y al primer mordisco te tiene que quedar el chorizo entero colgando de la boca, quemándote los labios.
¡Ja, servilletas! Como si el hombre no tuviera mangas...
Te lo digo yo que estoy al frente de un restorán más clasico que galletita de agua con picadillo.
Seguí, seguí, dale, ponele germen de trigo a la mixta de tomate, lechuga y cebolla que te va a ir bien.
Eso sí, después no vengas a llorar, a suplicar que te haga locro porque total, a vos te doy una sopa aguada, le pongo rabanitos, azucopos, croutones de pan negro y te conformás lo mismo.

viernes, 5 de septiembre de 2008

¿A ustedes también les desaparecen cosas?

No, a mi no, a mi no me desaparecen.
Les pregunto porque ayer estaba leyendo el blog de mi amiga Baterflai y me encontré con un post donde cuenta que su casa es habitada por duendes que le comen las cosas, ya sean medias o aros, o si no se las comen se la cambian de lugar.
Luego, veo en los comentarios de ese texto que muchos de sus lectores sufren los mismos padecimientos, que reitero no son los míos.
Yo tengo a toda esta gente algo que confesarles: los duendes no les comen las cosas, simplemente las traen para mi casa.
Bueno, está bien, algunas cosas se las comerán, pero ¿cuántos de ustedes han encontrado miguitas de aros, de biromes o hilachas de media tiradas por ahí?
Yo tampoco sabía que todas estas cosas eran de ustedes, ojo. Recién ahora ato cabos.
La realidad es que cada vez que me levanto a la mañana y quiero sentarme para desayunar no puedo meter las piernas bajo la mesa porque está lleno de cosas que se amontonan por millones.
Suelo encontrar billeteras vacías, lapiceras, souvenires de bautismo, comunión o casamiento, huesos de pollo, pines, invisibles, pulseritas, sobrecitos de mayonesa, llaves, papelitos con teléfonos anotados, cartas, folletos, sacapuntas, controles remotos, celulares, manuales de electrodomésticos, cargadores de batería, relojes, documentos, tarjetas de débito, botones, escarbadientes, cajitas de anticonceptivos a medio usar, CDs, cada tanto aparecen lombrices y aún más espaciadamente algún cachorro de chiguagua o caniche.
Al principio barríamos estas cosas hacia el patio, pero ¡imagínense el hueco de la mesa lleno todas las mañanas!
Pronto el patio no dio más para albergar tantas porquerías (bueno, para mí, ustedes deben estar lamentando la pérdida). Nunca quisimos tirar nada porque ya saben, lo ajeno es sagrado.
Pero eso sí, ahora que ya se de donde provienen estas cosas, les pido encarecidamente que me digan cuales cosas son de ustedes y a donde tengo que enviárselas para que las recuperen.
No soporto mas tener que correr saquitos de te usados y guantes sin su par correspondiente cada vez que necesito sacar un pullover de mi placard o tener que hacer espacio entre pelotas de tennis y rollos de cocina semi-gastados para poder guardar un paquete de arroz en la alacena.
Desde ya les agradeceré que me ayuden a desembarazarme de sus pertenencias.
Muchas gracias.