miércoles, 31 de enero de 2007

¿Qué clase de pescador es su hombre?

Un hombre dice mucho por la manera en que pesca.
Estudios recientes de la reconocida Universidad de Scalope, en Nueva Tijuana, revelaron que el comportamiento del hombre durante la práctica de la pesca es directamente asociable a los defectos y virtudes de dicha persona en su relación con el sexo opuesto.
Los individuos que se prestaron al estudio pudieron ser catalogados en grupos básicos, dentro de alguno de los cuales -con un cierto margen de error tolerable- seguramente se encuadra el hombre en quien está pensando en este preciso instante.
La gran sorpresa fue que los grupos hallados fueron muchos menos que los supuestos en un principio.
Los tipos de hombres, siempre según los científicos de Scalope, son los siguientes:

El mojarrero
De perfil bajo, no le gusta destacarse. Prefiere el picoteo entre muchas mujeres -por decirlo de una manera explícita- que una relación estable y duradera. Superficial como pocos, desiste de cualquier relación profunda que lo arrastre mar adentro. Son los buscadores de leves amores de primavera.
Ventajas: si lo que busca es un picoteo, difícilmente este tipo de hombre complicará su existencia.
Desventajas: usted siempre será un simple pasatiempo

El pescador con línea
Vago, sumamente vago. No hará el mínimo esfuerzo por tratar de conquistarla. Su estrategia es muy simple, pero efectiva: el sabe que alguna, en algún momento, va a morder el anzuelo. Pueden pasar meses y años sin que este hombre reaccione. Simplemente, espera y espera y espera. Es de los que olvidan los aniversarios, que cosas odian sus parejas y de los que suelen olvidar los nombres. Son de los que terminan su vida panzones, con camisetas musculosas ysacando el TV a la puerta para ver fresquito el partido mientras usted intenta (una vez más) maquillarse para él.
Ventajas: usted podrá alternar sin dificultad con algunos mojarreros. Él no notará la diferencia.
Desventajas: resígnese a no ser nunca el centro de atención en su vida

El pescador con reel
Es ni más ni menos es clásico fachero, el guacho-banana del barrio. Le gusta fanfarronear y es muy puntilloso con las mujeres. Sabe elegir lo que quiere pero como una forma de egocentrismo refinado. La ama solamente porque a él le da status: es de los que salen corriendo a contarle a los amigos lo buenas que están las gomas de su pareja actual. Vive en su mundo de comparaciones y compite con los compañeros en todo: en quien tiene la caña más larga, quien tira más lejos. Lo pero de todo es que vive dando consejos a todo el mundo sobre como se pesca.
Suele contar entre sus preciadas pertenencias algún auto tunneado, baila los ritmos de moda y siempre habla de él, de él y de él.
Casi siempre, termina envidiando a los mojarreros que picotean sin cesar mientras él espera la presa ideal.
Ventajas: en su compañía disfrutará momentos de goce material, durante la etapa en que él hará alarde frente a usted de todo su poderío.
Desventajas: si él pudiera, cortaría su cabeza y la clavaría en una placa de madera en la pared, junto a sus otros trofeos.

El submarinista
Es el refinamiento por excelencia. No espera que las mujeres vengan a él, él es el que va a buscarlas.
Conoce con precisión suiza cuando le está por venir la menstruación, sabe exactamente la cantidad de azúcar que debe agregar en su café, conoce hasta la fecha de cumpleaños de su suegra.
Sin embargo, luego de un tiempo de dicha sin fin, la mujer que acompañe a este hombre descubrirá que todo estaba planeado, calculado, medido y que nunca hubo tiempo para la improvisación. Inevitablemente la vida se transformará en una rutina militar.
Es el clásico playboy que cautiva por la noche y a la mañana, al verlo despertar, ojeroso y con mal aliento, una se pregunta "¿adonde se fue el tipo con el que estaba anoche?, ¿y a quién dejó en su lugar?".
Ventajas: se sentirá mimada por lo menos durante un tiempo y la alegría y la pimienta entrarán en su vida.
Desventajas: luego de un tiempo, la pimienta le dará alergia.

Seguramente su hombre estará en uno de estos grupos. Ya sabe a que atenerse.

Independientemente, el estudio ha llevado a los científicos a una conclusión terminante y avalada por los resultados obtenidos:

"Los hombres a los que no le gusta la pesca, son putos."

martes, 30 de enero de 2007

¿Yo?, ¿que yo soy violento? Dale, repetilo, a ver como lo pronunciás sin dientes...

Con motivo de que el Sr. Podeti publicó el temita este del grito de Wilhelm en su blog del diario Clarín (eh, vayan a los links de la derecha si lo quieren ver, yo no voy a estar todo el día poniéndoles acá las letritas subrayadas) no hacen más que lloverme quejas, palos, piedras y toda clase de objetos contundentes.
Es que se divulgó -bah, se me escapó- que lo del grito lo encontré mientras buscaba la música circunstancial de la película Psicosis para asustar a mi hija.
Desde ese momento, la Liga de la Decencia, la Liga de Protección al Menor e incluso la Liga de la Justicia con Batman a la cabeza, no dejan de amenazarme con que me van a hacer ligar de lo lindo.
A todos ellos, les digo, no voy a dar el brazo a torcer. Si me quieren torcer el brazo primero me van a tener que alcanzar.
Además, no hago otra cosa que preparar a mi hija para el futuro.
¿Qué quieren, que pase su infancia mirando películas de Disney sin saber que en esta ciudad, si, en esta ciudad (por las dudas miren por sobre el hombro) hay un loco tratando de asesinarnos a todos?
Al fin y al cabo, es mucho más probable que se nos aparezca algún día detrás de la cortina de la ducha un hombre armado con una cuchilla a que nos encontremos por la calle a un ratón más grande que un perro, una tetera que habla o una nenita que puede atravesar los espejos.
Es más, prefiero la psicosis a la psoriasis.

El ciclo biológico de la comida: Hoy, el pollo


Cuando la gente no quiere comer lo que preparamos, suele ocurrir lo siguiente:

Ciclo vital del pollo
  1. El huevo se transforma en pollo
  2. El pollo se transforma en pollo al horno
  3. El pollo al horno se transforma en mayonesa de ave
  4. La mayonesa de ave se transforma en relleno de tarta
  5. El relleno de tarta se transforma en relleno de empanada
  6. El relleno de empanada se transforma en pastel de pollo
  7. El pastel de pollo, ahora sí, se transforma en una masa pringosa, seca y mohosa
  8. La masa pringosa, seca y mohosa se procesa como alimento balanceado
  9. El alimento balanceado alimenta a las gallinas
  10. Las gallinas ponen huevos y vuelta a empezar
El ciclo se mantiene vivo eternamente, a menos que un cliente pida algo con pollo e interrumpa el proceso en algún punto entre el 2 y el 8 (inclusive).

sábado, 27 de enero de 2007

Culo de camión

Hoy es un día en que amanecí prolífico.
Les dejo el vínculo a otro blog que ve la luz hoy pero nació como idea hace mucho tiempo.
Espero que lo disfruten.
Con ustedes... Culo de camión
Bueno, ahora los dejo hasta el lunes antes que mi esposa se caliente demasiado por mi permanencia frente al monitor y se "tropiece" con el cable de la compu.

viernes, 26 de enero de 2007

¿Qué estás buscando?

Hoy abrimos sucursal nueva.
A partir de una idea en común con uno de nuestros parroquianos más fieles, el señor Jorge Mux, arrancamos hoy con un nuevo weblog. El artículo sobre las búsquedas en el Google fue el chispazo inicial para el feliz proyecto.
El blog se llama ¿Qué estás buscando? (questasbuscando.blogspot.com) y se basa en una recopilación y análisis (profundo, por supuesto) sobre las búsquedas más ridículas o extravagantes que nos hemos encontrado conducen a nuestros respectivos blogs.
Está destinado a ser uno de los mejores blogs sobre la faz de la Tierra, y según mis cálculos sobre finales del 2008 será comprado y absorvido por un gigante informático y no me alcanzarán los días restantes de mi vida para contar los billetes (lo del presagio de mi muerte sobre finales de 2008 es otro tema que no pienso tocar ahora).
Los invito a visitarlo y dejarnos allí sus anécdotas, búsquedas alocadas y si no les viene mal también algún chequecito al portador.
Según se acostmbra en estos casos inaugurosos, pueden enviarnos los ficus y potus por correo electrónico.

jueves, 25 de enero de 2007

¿Pol qué no habla má fuelte así nos leímos tolos? ¿O quiele que le palta la tlompa?

Un grupo de japoneses autodenominados expertos en educación han recomendado que se vuelva a imponer el castigo físico a los alumnos hinchapelotas en los colegios nipones. Además sugirieron incrementar los horarios de clases.
Sin embargo, aclaran que no se tolerarían los castigos con varas de mimbre y que ellos se refieren a palmaditas correctivas como medios disuasivos para que los estudiantes no se hagan los pistolas y presten más atención a las clases.
¡Ah, bueno! Menos mal que un premio Nobel en química forma parte del grupo, que si hubiera sido premiado en sicología capaz que pedían rapar a todos los pibes y darles de patadas en el culo hasta que los zapatos se achiquen por lo menos un número por el desgaste.
Y no es joda, en esta nota del diario Clarín lo pueden ver en detalle.
Ya veo que dentro de poco los japoneses saldrán a golpear sus cacelolas en las calles, reclamando por el fin de la violencia escolar y exigiendo que los profesores no concurran armados a los colegios ni con manrikigusaris ni con hanbos.
No sería improbable que luego los inspectores de escuela concurran a las mismas con katanas y estrellitas ninja (shuriken, bah) y le hagan vasectomía gratis a los profesores demasiado indulgentes y por ello contrarios a las nuevas políticas educativas.
No descartaría tampoco la rehabilitación de mazmorras en los sótanos del ministerio de educación, donde los inspectores poco audaces serían molidos a palos para delicia del emperador.
Nuestro país, en donde sólo los alumnos concurren armados, está a años luz de la cultura milenaria de Japón.
No hay caso, seguimos siendo del tercer mundo.

El grito de Wilhelm

En 1951, el actor secundario Sheb Wooley grabó un grito de dolor que -junto a otros efectos de sonido- fue utilizado en la película Tambores Lejanos.
Recuperado de los archivos sonoros de la Warner Bros, distintos técnicos de sonido lo han venido utilizando en más de 120 películas. Desde entonces, ya conocido como el "grito de Wilhelm", es el efecto de sonido más reutilizado y famoso en el ambiente (es imposible no recordarlo de algún lado si se vuelve a escucharlo).
Aparece entre otras películas en la saga de La Guerra de las Galaxias (desde las primeras hasta la Venganza de los Sith inclusive), las distintas Indiana Jones, Wallace & Gromit, Goffie La Película, Helena de Troya, Poltergeist, Star Trek, Gremlims 2, La bella y la bestia, Batman regresa, Aladdin, Toy Storie, Arma Mortal 4, El planeta de los Simios, Spiderman, El señor de los Anillos, Piratas del Caribe, Kill Bill y muchas muchas más.
Para ver una muestra de las películas donde el grito de Wilhelm fue usado, basta con que activen el video de abajo (y prendan los parlantes, pero no muy alto).

Ustedes se preguntarán, ¿qué tiene que ver esto con Polenta con Pajaritos?
Nada.
Hoy tenía fiaca de ponerme a escribir, así que opté por estafarlos y simplemente mostrarles lo del grito de Wilhelm, que me ha llamado mucho la atención la primera vez que lo ví (o escuché, bah).

Actualización 29/01/2007: Fah, esta entrada sí que curró lindo. Gracias Podeti por incorporar el dato a tu extraña colección de miravoses.

martes, 23 de enero de 2007

¿Polenta un restó?

Toni, el cocinero de Polenta con Pajaritos, está tratando de convencernos de convertir nuestro familiar restaurante en un mucho más marketinero restobar.
Para eso, insiste sin pausa en poner en práctica sus recientes aprendidos conocimientos de barman.
Permanentemente lo encontramos mezclando cosas en vasos y jarras, cada vez que entramos a reclamarle algún plato que todavía no sale y él todavía perdiendo el tiempo en jugar con líquidos de colores. Joselo, el más permeable a su estilo experimental de cocina, ya no disimula en buscar excusas para entrar a la cocina y pegarse un trago en cada visita.
El comedor se está desmadrando.
Los clientes de confianza, Dios bendiga la paciencia que nos tienen, directamente van a la cocina a buscar sus propios platos, antes que algunos de los mozos pasados de copas les terminen decorando con ravioles o estofado los pantalones.
Cansado de tanto desorden, en un momento en que Toni estaba solo en la cocina, decidí hablar con él para que pusiera fin a todo esto.
Cuando entré ni me dejó hablar.
Me dijo que había descubierto un trago formidable, único en el mundo, un poco fuerte, pero espectacular, que podría ser la vedette de Polenta.
La verdad es que el anuncio me intrigó, demoré mi reproche y acepté probar el futuro famoso brebaje.
Me alcanzó un vaso petiso y me dio a probar.
Era, lisa y llanamente -y sin ningún aditivo- whisky. Solamente whisky.
-Che, Tony, vos perdoname, ¿no?, pero esto es whisky.
Tony me sonrió complacido.
-Claro. Es que primero, antes de probar el trago, te conviene ir tomando algo fuerte.
Después probé el trago.
Sé que no es la mejor forma de terminar este relato, pero no me queda más remedio que reconocer que me salieron chispas por el culo.
Me sacó de quicio.
¿Polenta un restó? Las pelotas.

lunes, 22 de enero de 2007

El gordo

El viernes, un hombre oscuro, pesado y silencioso ingresó al bar y se sentó en una de las mesas del fondo.
Cuando el mozo se acercó a tomar su pedido, le dijo simplemente que nada iba a servirse, que solamente venía a reflexionar un poco sobre las angustias humanas.
El mozo en vano intentó explicarle que no se puede reflexionar sin consumir, que con gusto podía sentarse en el mármol de la vidriera a pensar todo lo que quisiera, y gratis, pero del lado de la vereda.
El hombre lo miró con gesto ensimismado y le dijo que no, que prefería pensar allí, y le echó una mirada gris y debe haber pronunciado unas palabras tan sombrías (inaubles desde mi distancia) que el mozo no pudo hacer otra cosa más que deprimirse, colgar la rejilla en el respaldo de una silla, ir a la vereda, sentarse en el cordón con los pies tocando el agua que corre calle abajo y ponerse a llorar desconsoladamente.
Yo, que había descifrado lo que había pasado aún sin haber oido, me acerqué a la mesa de esta persona que se negaba a ser cliente del local.
No había forma de hacerle entender que nosotros vivíamos de lo que la gente consumía, que necesitábamos de él para sobrevivir. Y que no era personal, ¿eh?, que así como vivíamos de lo que él nos dejaba también lo hacíamos con los demás.
A mi también me obsequió con su triste mirada gris y me expresó, con sólidos argumentos, que entonces, si todo lo que yo le estaba explicando era cierto, cosa que no dudaba (y que a su vez hacía extensivo a él mismo), entonces, todos nosotros, no éramos más que simples parásitos esperando las sobras de los restantes humanos, gracias a los cuales garantizábamos gota a gota nuestra existencia.
Instantes después estaba yo pidiéndole al mozo acongojado que se corriera unos centímetros más a la derecha, que me hiciera espacio, y me senté a llorar.
Ambos contribuimos a que hubiera un poco más de agua corriendo por la calle durante buena parte de la tarde.

viernes, 19 de enero de 2007

Polenta en Coronda

Ayer llamó una persona al restaurante preguntando por mí.
Quería hacerme una entrevista en relación a mi trabajo en Polenta con Pajaritos, para que fuera en representación del staff de este establecimiento.
Cuando digo que necesitaba que fuera, es porque la entrevista estaba concertada en Coronda.
Según me explicó, era para hacer una nota sobre rellenos para la página de cocina de la revista.
Le pedí a Toni un par de recetas de canelones, ravioles y otras cosas rellenas, por las dudas me pidieran detalles específicos, preparé mi bolso y me fui rumbo a Coronda.
Hoy, al llegar, vi que la dirección era de la cárcel de Coronda. No puedo negar que en un primer instante un nubarrón de desaliento cruzó por mi cabeza.
Allí me recibieron los oficiales del penitenciario y al pedir por el Manotas (tal como se presentó mi entrevistador) me condujeron a su celda.
A partir de este punto mi relato se hará poco confiable, es necesario reconocerlo, debido a mi casi nula experiencia y fluidez en la utilización del metódo bajo el cual se efecutó la entrevista. Manotas se reconoció un ortodoxo en esto del periodismo carcelario y exigió hacerme la entrevista en clave morse, golpeando unos cacharros de aluminio en los barotes.
"¿Che, te vinistes en auto, vo'?", fue lo primero que me preguntó, a lo que contesté afirmativamente. Por alguna razón le interesaba abordar este tema, supongo que para informalmente ir rompiendo el hielo y allanar el camino a preguntas más comprometidas. Quiso saber casi todo, marca y modelo, si picaba lindo, si tenía el tanque lleno y si los vidrios estaban polarizados, entre otras cosas, muchas de las cuales no supe contestar.
Cuando ya estaba a punto de revelarle los secretos del relleno de los cappellettis, me pidió que fuera a buscar a uno de los guardiacárceles, porque tenía ganas de ir al baño.
Le señalé un inodoro (bastante ruinoso, por cierto) que estaba ubicado en uno de los rincones de la celda y le dije que no hacía falta, que podía ir allí.
"Son las cosa de la burocracia, ¿viste?, ¿vo' podé' creer que justo me vienen a enchufar una celda con ñoba, pero de minas?". A mi lo del baño para mujeres me sonó a excusa, sobre todo por el mingitorio que había al lado del inodoro.
Como me vió dudar, el Manotas sacó una pistola de entre sus ropas.
Algo me llamó la atención en el arma y pronto me di cuenta: la pistola era de papel maché.
"Sei' mese' llevo mascando y mascando pelpa, para formar una masa moldeable.", se lo sentía enchido de orgullo, "Después de tanto laburo, me hice este bufoso, pa' mayor seguridá".
Me contó que antes había hecho una de jabón, como en la película de Woody Allen, pero un día se le cayó en el baño y nunca más se animó a recogerla.
Me indicó con un movimiento de cabeza que fuera a buscar al cana, "si queré volvé a vé la lú de nuevo", agregó.
Yo miré la bombita colgada del techo, y no sé si por lo sencillo o por lo drámatico de la decoración, la verdad es que sí, quería verla de nuevo.
Fuí a buscar al guardia.
Cuando volví con el agente, éste miró a Manotas desaprensivamente.
"¿Y esa pistola de juguete?" se rió.
"¿De juguete?, la cargué con lo fideo munición de la sopa de anoche."
El tiro, que le rozó el tobillo, borró la sonrisa del policía.
Presuroso, el guardia abrió la celda y el Manotas me tomó de rehén.
En un marco de mucha tensión, el preso me fue arrastrando, con la pistola apuntándome a la cabeza, chorreándome caldo en la sien y la mejilla.
Llegamos al estacionamiento y volteó la cabeza hacia todos lados. Estábamos rodeados de policías y no se veía salida a la encerrona.
"¿Y el auto?", preguntó, "¿donde dejaste el auto?".
"Qué se yo", respondí, "si yo vine en remís".
El Manotas lanzó un alarido desesperado, momento de distracción que la policía aprovechó para sacudirle unos cuantos cachiporrazos.
Luego de que uno de los agentes me pusiera a cubierto, observé como un enjambre de uniformes le caía encima al Manotas y descargaban lo que fuera sobre su pobre humanidad: bastones, borcegos, uno le estaba dando coquitos en la cabeza, otro le estaba tirando de las orejas y uno de más allá dale que dale con un repasador mojado. Cuando me fui, se acercaban algunos agentes más, uno de los cuales blandía una orquilla en el aire y otro venía con un palo lleno de clavos.
Me escoltaron hasta la puerta y pregunté por si iban a tomar represalias por el frustrado intento de fuga.
"Naaaaaa!", me dijeron. Yo me fui más tranquilo.
Y así fue como me volví al restaurante, con mucha más pena que gloria.
Al final no terminamos la nota, pensé.
De cualquier forma ya había entendido que no era una nota sobre rellenos para la página de cocina de la revista.
Creo que se trataba de cocinar una nota de relleno para una página de la revista.

Vean unos quías que no se como hacen, pero en sus restaurantes logran cobrar más caro que nosotros.